martes, 8 de noviembre de 2016

SILENCIO...

Silencio.
Con silencio absoluto, la locura nos acecha, necesitamos los sonidos para sobrevivir.
El sordo, puede percibir el sonido de un diapasón por medio de vibraciones, a través de los huesos de su cráneo, no es sonido, como tal, pero me es válido.
¿ Qué hay en el silencio callado de las palabras?
Pensamientos. Éstos nos sumergen hasta llegar hasta al Yo, más primitivo, permitiendo ver, quienes somos en realidad, a modo de vísceras, desgarrando los humores, desprovistos de máscaras....
Hay silencios meditados, en trance, a modo de vigilia, flotamos en silencio, ensordecidos, en un viaje astral con retorno al sonido de la vida.
Silencio en el tic-tac, de unas agujas de un reloj que mide el hastío en un inerte suspiro helado, lúgrube, húmedo, inquietante locura que mitiga la ausencia de juicio, insoportable silencio.
Silencios, en el cristal, mientras las gotas golpean queriendo entrar.
Silencio, que hablará en la noche, haciendo eco en la calma que dormita indolente.
Silencio en el inerte pálpito del corazón...
¡Se me atraganta el silencio, aún necesario para la reflexión, del por qué de mi existencia!
Nos seduce el silencio, en la oscura y fría tumba.
¡Me ensordeces silencio!
 Salvaje, simple, inquietante, agónico...
¡Me dueles Silencio, tanto como la soledad no buscada!
Silencio, silueta en el umbral del sueño, línea dónde enmudezco, la llaga de mi herida.
Silencio, sombra de mi melancolía, tragedia de mi garganta.
Silencio, vete dando paso a la musicalidad de un suspiro intenso, dame una tregua o muero...
Silencio...