jueves, 2 de julio de 2020

La servilleta de papel

Hace no me acuerdo, en una servilleta de papel de un bar, vete tú a saber de qué año,  escribí :

"Un amigo me ha hecho detenerme, pensar en el tiempo y demás cuestiones.

Ese tiempo que pasa de forma inexorable con distintos ritmos, de manera urgente, atados por horarios y obligaciones sin reflexionar sobre las prioridades y las necesidades de cada uno.
Es tan subjetivo gestionar el tiempo que hay que procurar no llenarlo de "vacío", porque no tenemos 
"tiempo para tener tiempo".
                                                   

Hay personas que formulan maneras de ser y actuar.
Buscan estrategias artificiales para dejar de ser, el que se es. Para que otro renuncie así, de quién verdaderamente es.

Despierto muchas mañanas, con esa sensación de odio hacia el mundo en general...Odio las comparaciones, esas que son capaces de deteriorar la calidad de la vida, justificando lo injustificable...fantasmas que asolan y destruyen...

No tenemos tiempo, pero en esa agenda, no hay que olvidarse de aprender a aprender......"

Miro estas letras derretidas en tinta vieja y pienso que después de esta cuarentena, nada ha cambiado.
Todo sigue igual.
Bueno no!! Tenemos a un intruso en el planeta, microscópico, sigiloso y mortal.
Sí, eso es lo único que ha cambiado pues el resto sigue igual.
Sigo teniendo la misma sensación de odio hacia el mundo en general. ¿Seré Nihilista? Será eso.
Qué pena que no haya nave para irme a ... no sé! ¿ Júpiter ? Estaría bien.

Por contar algo positivo, he ilustrado dos libros, uno de adultos, Ideas Perversas de la Editorial Cuatro Hojas y en medio de la Pandemia, uno infantil, Los niños de Luz, un cuento sobre niños con enfermedades raras de la misma Editorial.

He hecho "virtualfriends" en Instagram y eso ha molado.
Encontrar personas que vibran , que parecen estar en la misma sintonía, con color, con algo que revindicar, con ideas frescas y sonrisas nuevas.

Xavier Lanau Folch ha sido a quién primero conocí al poco de abrir mi perfil. Un ilustrador de tintas infinitas con detalles dónde pararse a contemplar y perder la noción del tiempo. Sí, del tiempo, porque puedes estar en el presente, hace millones de años con trogloditas, soñar con el Medievo o sentir que tienes un cómic en las manos de la época de Ibañez. Roza la excelencia.

Tali Rous ha sido una sorpresa para mí, acaricia las letras y esconde muchos acertijos en ellas. Experta en reseñas y de una dilatada capacidad sensitiva.

Y una cantidad de buenos artistas ilustradores,  creadores de sueños, filósofos rurales, fotógrafos, historiadores del arte o poetas, queden todos mencionados, maravillosos! Pienso que podría dedicar otro relato entero para hablar de muchos de ellos, que de igual manera me están tocando el centro.
Creo que ellxs saben quienes son.

...Pero necesito la magia de piel con piel.

Conozco, bueno más bien, he leído algo de Pablo Benavente, escritor madrileño  con varios libros publicados y, qué curioso!!,  sus palabras han desempolvado mis vestimentas, casi las arrancó de un tirón...y ahora hechas jirones me observo nuevamente las entrañas, esas vísceras a las que hacía tiempo no saludaba...Sí, sí, increíble pero cierto: leer tres o cuatro micro relatos de él, me han despertado de mi letargo, una sacudida necesaria,  y me he dado cuenta de que me reflejo en el espejo. Me veo!!!
Ahora solo tengo que encontrar la llave de los grilletes que me tienen anclada y quizá...quién sabe.

Se está muy bien sumergida en agua de acuarelas, pero me ha hecho darme cuenta de qué echo de menos,  y echo de menos vivir. Simplemente necesito eso.
Vivir.
Estoy cansada de miraros ingrávida, como si esta partitura no fuera conmigo.

Mónica Méndez Paz