¡Cuántos silencios rompió la noche en la cumbre del plenilunio.!
Espectros que de luz envolvían llanuras de cristalino plateado.
La vida reflejada en los ojos de un buho que
esperaba cazar su presa indefensa que, a su vez,
lamentaba su salida en la penumbra.
Cuántos pétalos dormidos a orillas de un río
dónde habitan Ninfas que como Diosas
tejen los hilos de oro del Mundo.
Darle la vuelta al espejo y contemplar el reflejo de un mundo
corrupto que vive ahogado en lágrimas.
Voz que jerarquiza sobre hombres
y el llanto se hace cada vez más profundo sobre Tierras
que se crearon un día para dar su fruto sobre fruto...
¿Cuál será el fruto obtenido de la tierra
bañada en sangre inocente?
Se abrió una luz en amaneceres de insólitos amargos.
Tierra desierta.
Mundo animal racional.
Abanico de caminos en soledad.
Arcoiris perturbado ante nubes de un gris sosegado.
Miedo a alzar la vista sin sentir el latigazo.
Esclavitud de la razón.
Tabús acentuados.
Peligros se guardan en la selva virgen sin explorar, ¿ cuántos?
Mónica Méndez Paz. 9 de febrero de 1994.

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