El cansancio cerraba mis ojos y finalmente la oscuridad de la noche me dio el plácido sueño.
Amaneció. Me sentí completamente libre. La verdadera libertad se vive dentro de uno mismo. Comprendí entonces que el cuerpo no tiene limitaciones que no existe ni un espacio, ni un tiempo...sólo un presente...todo depende de como quieras ver la realidad que te rodea.
Quizá mi exterior sea el de una joven chica estudiante, pero mi interior guarda toda la esencia de la libertad, tan buscada, pero jamás encontrada.
Sé que los ojos que a mi me miran, hablan de mi como un ser extraño; ellos no saben que para mi los diferentes son ellos.
¡Qué pena que jamás lleguen a sentirse como yo! Qué no sean capaces de descubrir las maravillas que nos rodean.
Camino y al caminar observo a la gente como va y viene. Máquinas que no piensan.
No es fácil ver con claridad dentro de uno mismo, comprenderse...pero creo que nada es imposible.
Tú que estás ahí, como uno más del montón, no te busques en el espejo, es un diálogo en el que no consigues oirte. Vivo en un mundo cuyo cielo no existe porque nadie se para a contemplar un horizonte que responde a preguntas sin respuestas.
Anocheció. Silencio pleno durante una multitud de horas. Luz tenue que acompañaba mi soledad.
Un ¿por qué?, un vacío, una lágrima.
Cuerpo y espíritu que se separa lentamente.
Asoma una imagen, luz intensa, fugaz, mágica, cegadora, transparente...estrella en la noche.
Apoyada en la desconchada pared, permanecía la silueta de mi cuerpo cansado, marioneta de papel, que no piensa y es manipulada por manos ajenas a mi...
Pero no..yo no era aquella sombra moribunda dibujada en la pared. Sólo el espíritu guarda la esencia real de mi ser.
Flotaba. Enmudecida pensaba que era libre. Sentía, volaba...estaba alejada de las cadenas de la sociedad...Prisión sucia, inhóspita, incomprensible, fría, muerta, sin imaginación, embustera, corrupta.
Fugitiva, pero libre; completamente libre.
Noche que en mi incosciente me conduce a fuerzas misteriosas que están más allá de la comprensión humana.
Caminar una noche de plenilunio con los brazos extendidos siguiendo su luz y hechizada, cumplir un mandato misterioso y divino, seguida de mi instinto y de la emoción.
Noche que a través del sueño arrebata mi ser y otra realidad se sucede; irracional, ilógica que inspira y guía mis acciones diurnas.
Poseida.
Sólo ella me conoce, sólo ella guarda la memoria de mi pasado histórico.
Esperanzas, expectativas, metas...que renacen con fuerza en mi corazón y en mi mente.
Siento.
Dolor, inquietud, miedo, inestabilidad, que emergen con más fuerza que nunca.
Manifestación de mi estado interno. Miedos irracionales, sentimientos de vacío, noche oscura del alma que evoca una extraña fuerza sobrenatural que me arrastra.
Pero...¡No!, no es mi perdición.
Soy libre y eso está claro.
Me asomo a la ventana y contemplo crímenes, suicidios, gente que enloquece bajo la luz apasionada de la Luna Roja, buscando una salida, una puerta que abra el significado de una vida desperdiciada...buscando el vuelo suabe de una gaviota que espera perfeccionarse en su volar.
Mi alma experimenta como mi potencial eléctrico del cuerpo aumenta y por fin, provoca la absoluta liberación.
Mónica Méndez Paz, 16 de febrero de 1992.

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